miércoles, 15 de noviembre de 2017

Unidos por Proust...

Proseguimos y ya no fue posible contenerme, Leonardo me miró y mi sonrisa se extendió tal como mi pregunta “¿¡Proust!? ¿Haces ensayo de Proust?” Alfredo dijo así era, siendo difícil y cuidadosa la tarea. Leonardo agregó _–sabe bien cuán clásica es su hermana–_  “sí, él lee _Un amor de Sean_” ¡nuestro libriro de Proust!!!! Y ya fui irremediable:
—Yo leí a Proust, y quiero tanto tanto más de él.
—Vaya, vaya, Jessica pero mirá, serás salvadora, ¡vertiale! Haber leído a Proust. Eres una dura.
(Mis risas nerviosas)
—Quiero más de Proust.
—Dime qué te parecen los celos del personaje principal.
(De eso el ensayo)
Naturalmente hablé de la escena en la plaza, y me emocioné tanto que desbaraté mis ideas, y dije organizaría para luego decirle.
Dije: “Tengo yo _Un amor de Swan_ cómo me dieron ganas de releerlo” “¡¿Lo tienes en físico?!” “Sí...” (mirada orgullosísima de Leonardo) “¡Nagüara, Jessica! Lástima que esté en Timotes!”
La conversación prosiguió y me sentía bien con Leonardo y Alfredo, hablamos de unos cuantos tópicos más, Alfredo aún me decía que debía buscar. Luego dijo, mientras hablábamos sobre el rudo semestre que atravesamos: “Uno al encontrarse frente a estos retos con las materias piensa: yo no sirvo pa’esto me pondré a limpiar calles (risas) pero es allí donde es muy importante saber quién es y estar seguro de ello porque sino uno tambalea y se cae a lo duro. Hay que conocer nuestros ritmos, saber que cada quien tiene uno distinto y que hay que fluir a ese modo, conocerse y saber que las capacidades crecen y crecen cuando uno se expande” Leonardo agregó que así era, dijo él sabía cuán difícil era tomar Francés, quise decir: difícil no, _très_ interesante. Y entonces se sentía una armonía entre los tres, estudiantes en medio de un libro de poesía, acaso siendo tocados por esos hilajes que nos sobrepasan.
Leonardo extendió un pequeño librito y pregunté qué será, cuando ya el tiempo de partir se aproximaba lo extendió a mí diciendo “no me gusta tanto el teatro”, me estaba haciendo un obsequio y no sabes cómo me pobló la felicidad, a pesar de ser un librito delgado y delicado. Sonreí y dije: ¡sí! Jamás me había dado un obsequio, me sentí tan hilada.
Del libro de poesía asaltó uno que nos señaló, lo leímos, es de una escritora venezolana ganadora de premio. El poema era bellísimo, el himno de una mujer a su soledad. Me pareció en parte Leonardo me decía _–conoce él que amigos aquí no tengo–_ está bien, una especie de ¡ánimo! Y se lo agradecí en esa lectura.
Terminamos y Alfredo me dijo podríamos también estudiar inglés, está él haciendo esos ensayos que a mí me decepcionaron el semestre pasado. Le dije como el profesor me dijo: ¿Es éste un poema? Reímos unánimes.
Tenía yo un examen oral de inglés por lo que nos dijimos adiós.
Subí cada escalón a pasitos de pájaro cantor.
Y ahora...

No hay comentarios:

Publicar un comentario