lunes, 11 de septiembre de 2017

La película japonesa (1995)

Bueno, mi vida, esto comienza en nuestra cama, te lleno de masajes y como laca te rocío el cabello pero del amor de mis deditos, te amo, te amo, te beso, hay que descansar, eres muy fuerte pero no por eso menos consentido, dejame encargarme de ti, y amarte, arrullarte con mi amor hasta caer dormidos.
La película ha sido bellísima, sí, japonesa, y más que nada preciosísima: *_Susurros del Corazón (1995) —aún yo no nacía y tú hilabas las primeras literariedades—_*; la historia comienza con una alegre lectora, vivaz y elocuente, pero tierna y sentimental hasta el sonrojamiento.
Encuentra en cada libro de la biblioteca el nombre de un chico, sí, este chico ha leído exactamente los mismos libros que ella, sólo que poco antes, es decir, él primero.
Entonces piensa ella ése chico debe ser amable, pero...cómo será.
Busca cada registro hasta que consigue identificarlo, casualmente —quizá no por casualidad— el chico va a su escuela, y es ni más ni menos que uno al que ella tiene por malo, malo porque se rió de ella días antes —así como tú con mis medias matemáticas—, la risa fue de mera inocencia.
Ocurre que ella traduce canciones —justo como su amada traductora—, y complace a sus amigas, pero curiosea por la ciudad, aún pensativa de aquel chico; y es que es innegable, una vez que se han leído los mismos libros sólo puede ocurrir una vida misma, un hilaje mutuo, un destino de lectores al unísono —me alegra decir que puedo certificarlo—.
Entonces una tarde ella toma el tren, un gato toma asiento a su lado —¡sí, nuestra *Missy*!—, el gato le llevará a subir una colina, lugar de la ciudad que no conocía, dando finalmente con un tesoro —recordé nuestra pequeña librería, ¿la recuerdas?— ¡una tienda de antigüedades! Esta tienda es atendida por el abuelo del chico, y en este lugar ocurrirán cosas excepcionales, tales como la historia de amor de un reloj: allí está un monumental y clásico reloj, con muñecos que se mueven y canciones que les justifican, en particular hay una oveja, y a las 12 un príncipe, una vez que se tocan las 12 el príncipe ve a la oveja quien toma su verdadera forma, sí, la de una princesa, ambos pertenecen a distintos mundos, pero ambos viven por esa hora, las 12, el único momento en que pueden amarse sin miramientos.
También en la tienda encontramos el porte de un barón, pero con rostro de gato, los ojos del barón delatan historia y brillan de tal modo...ya pronto sabremos más.
Finalmente la chica encuentra al chico allí, mientras ella acaricia al gato y se debate por sus sentimientos y miedos.
Él la lleva al sótano, lugar donde encontramos los violines que él hace de sus manos, toca una tonada que la chica acompaña a canto, y entonces lo sabemos, no hay otra forma de vivir para esos dos.
Pero no se hace sencillo, él quiere ir a Italia a perfeccionar su modo con el violín, entonces ella se emociona y entristece sin distinción, pensar que se irá, que todo se deshilacha en un instante.
Él dice primero sólo serán dos meses, promete volver y contar todo lo que acontezca, ella asiente y entristece despidiéndose, sabiendo cuánto le quiere, entonces lo decide, sí, él sabe lo que quiere y va por ello, así mismo ella hará, irá a por ello, quiere ella ser escritora.
Transcurren dos meses arduos de trabajo para ella, quien no deja de escribir, la historia al terminar será evaluada por el abuelo del chico quien una noche nos reveló una esmeralda, aún en bruto, así nos dijo debíamos pulirnos y encontrar la esmeralda en cada uno.
Toma de protagonista al barón gato de la tienda, el tesoro del abuelo.
La historia va de una juguetería y esos gatos que nacen para amarse, el barón y Luisa, luego separados y finalmente hallados.
Termina el plazo, y ella llora cuando el abuelo dice ha sido hermosa, llora ella porque quiere ser mejor y muy buena, tal como el chico, el abuelo delata que ella muere de amor y admiración por su nieto.
El chico llega una mañana, ella no ha dormido, pero se ha dicho que hay que trabajar, contenta consigo, pensando en el chico.
Toman ambos la mañana no dejando de repetir que todo es como de sueño, estar juntos, luego de llamarse incesantemente desde su interior.
El chico la lleva en su bicicleta, deben subir la empinada colina, es difícil, él dice que debe hacerlo, que él la llevará hasta el final, pero ella se baja y le ayuda, dice que no quiere ser carga, juntos lo logran y montan de nuevo la bicicleta.
Llegamos al fin, y él dice ha todo surgido, pero debe continuar y ser mejor, ella lo mira y también confiesa, aunque él ya sabía lo de la historia, más ella continúa diciendo que todo es debido a él, que ahora lo sabe y le da las gracias con todo el cariño de su mirada; amanece.
“No sé cómo ni cuando y no sé qué te parezca pero quiero que te cases conmigo” —dice sin más, ella responde sonrojada, muda, los ojos parecen desbordarse.
“Sí”.
“TE AMOOOO” —y toda la mañana lo escucha, la abraza, se abrazan, ella los cubre a ambos con un sueter, y así termina.

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