Papi, me había quedado dormidita, estaba ya con los ojitos a sueños mientras te escribía 😳 pero déjeme y lo beso y le quito esa carita, nadie más existe, nadie más que usted 😍😍😍😍💋 ¿sabía, sabía? ¡Venga, venga!
*_muakata_* 💋❤ *_muakata_* 😍💋
Y continuamos...
El cine fue una fila llena de los parpadeantes ojos de Silvana —era su primera vez— junto a cada comentario de emoción y ansías.
Mas el trébol de cuatro hojas nos acompañó —tú y tú y tú— porque la película debía ser para mayores de 16 años (Silvana tiene 15) pero el chico pasó todos los datos sin pregunta o inconveniente.
Ahora faltaba una hora para entrar...
Silvana era la dicha en ojos color aceituna, miraba a su alrededor y describía a cada asistente —debemos hacer un relato—, preguntaba cómo era dentro, si comprábamos ya cotufas, y bueno, era lindo tener ese momento con ella 🙈
Llegaron las 6:10p.m., la sala se abrió, ya algunas cotufas estaban a medio comer...
Elegimos tomar los asientos a media sala: a nuestra derecha un grupo de amigos con inmensas ganas de gritos —eran festivos, shípi— y a nuestra izquierda una acaramelada pareja que no dejaba de abrazarse más y más, como dos cotufas revoloteando que se hacen una como por arte de beso 🍿
Luego de la publicidad —parecía en ese instante, y con todas las risas a modo venezolano que en esa sala de cine, en medio de anuncios de _Golden_ y _CheezWeez_: hubiéramos regresado a la Venezuela de antier, no existía nada más— la pantalla se puso negra pero el sonido no se inmutó 🌌... Comenzaba la película pero sin imagen...
Los gritos a bromas comenzaron...Venezuela sí que sí: “¡Chamo, ponla de nuevo; esto no es *_TNT_* para verla cortada!” “Pana, que ruede otra vez” “¡No más tortura!” “Se enfrían las cotufas; ¡que empiece otra vez!”
Y más y más risas *_#BochincheCinex_* *_#TuDesconex_* *_#VenezuelaYCotufas_* luego de 7 minutos *_¡BAM_!* 💫💥 recomenzó la película, todos aplaudían, hasta mis palmas bailaron, parecía toda la sala una inmensa familia de cinéfilos criollos; pensaba entonces en _El Venezolano_ y sonreía al formar parte de ello, pensaba en nuestra actualidad y más allá; no tenemos porqué comernos vivos unos con otros, debemos es armar bochinche unidos para que rueden esta película bien —ya shé, venezolanopalomitas—.
Ahora sí *_#It_*...
Risas se asomaron, así como saltos de asiento y ojos cubiertos; apreté muy fuerte a Silvana, así como ella a mí; comía yo palomitas cada que la música de fondo se intensificaba.
Termina la película y una gran sonrisa en cada rostro, la conversación de Silvana y _moi_ fue un repetido 🙈 wow 🙈.
El taxi entonces y la noche bañando a Mérida; _Mérida preciosa_.
Llegamos entonces, las chicas entre plancha y urbanidad, era viernes *_#RumbaResidentes_*
Marcharon finalmente, y Leonardo llamó informando las actividades para mañana —ir al Mercado—, comimos y aún hilabamos la noche.
Luego las escenas a redes y foto por foto y Silvana a cansancio; antes de dormir se disculpó por sus agravados comentarios, dije está todo bien abrazándola al final.
Intentaba hilarte muy bien cada escena pero desvanecí completamente enamorada en tus brazototototes —ME HACEN *TAAANTA* FALTA—, shípi, y eso fue, amor mío, hombre de mi vida ❤
sábado, 30 de septiembre de 2017
Primera vez de Silvana
domingo, 17 de septiembre de 2017
Por primera vez la casa se queda sin niñas
Bueño, mi vida...
El bus se llenó pronto, el camino fue pasivo, más las montañas fueron deslumbrantes.
Jamás había visto el páramo como hoy; repleto de frailejones, flores silvestres, vestidas de rosa y mora.
Las cordilleras no tenían final, parecían un abrazo entero, que abrigaba de colores el sentir.
Pasé el páramo sin sueter, porque en la maleta, debajo de muchas capas dormía el abrigo.
Silvana escuchaba melodía a mi lado.
Flores nacientes, el páramo era amarillo.
Vivía, resplandecía más allá de todo pudor nublado.
De veras, mi vida, jamás vi el páramo tan hermoso como este día.
En un punto mariposas blancas —¡tantas!— jugaban con pequeños frailejones, sí todas revolotean sobre ellos, coquetas niñas.
La primavera comienza en septiembre, octubre es de las flores, noviembre de los colores; ese el calendario de mí cordillera; definitivamente soy de las montañas.
Lamento haberme desviado...
Sin más, un bus llegó y partimos a Mérida, a maleta y risas —Silvana no paraba con sus ocurrencias—, mil historias, frases brotaban de mi ser, y entonces comprendía cómo es que era escritora.
Dormí unos instantes luego de contentarme por el saludo del follaje a cercanías de Mérida.
De llegada el sol era tierno, sólo abrazaba y aliviaba.
Estuvimos de pie al menos una hora, no iba ni venía bus para la residencia.
Finalmente tomamos uno y dimos las gracias a un caballero, bajamos de risa por todo el peso, dábamos dos pasos y debíamos parar, así de peso llevábamos.
La residencia era silencio y Silvana emoción y preludio, es su primera vez lejos, sólo conmigo.
Me vio arreglar cada maleta, y bailar con tonadas.
Mamá llamó juntó a Papá, la casa permanece sin las niñas decía Mamá en un tono adorador.
Preparé café y la cena, Silvana aprobó a muy buen ojo mi café, me observa con atención.
La complazco con una serie, pues nada de internet.
¿Puedes creer que volveré a pisar esta ciudad? Me emocionan los claveles de la facultad, por todas las florecitas me pregunto desde ya.
Durante el viaje una pareja no paraba de besos y mimos, Silvana reía y curiosa preguntaba si acaso esas serían mis atenciones para contigo, Sonreí y me delaté, a ti no te dejaría vivir sin mis besos.
Finalmente, Mucuruba, apenas a 40 minutos de Mérida, el trecho en el que llegas y aún quedan montañas, el momento en el que dices “Mérida espera”; tomé mi teléfono esperando llevarte regalos, traerte colores, y la toma allí, aunque luego olvidada y a mi estado traída.
Quiero que Silvana sienta bien, ahora se peina.
Me gusta mucho el queso derretido.
Te extraño sin medidas, es decir, con todas ellas, DEMASIADO.
lunes, 11 de septiembre de 2017
La película japonesa (1995)
Bueno, mi vida, esto comienza en nuestra cama, te lleno de masajes y como laca te rocío el cabello pero del amor de mis deditos, te amo, te amo, te beso, hay que descansar, eres muy fuerte pero no por eso menos consentido, dejame encargarme de ti, y amarte, arrullarte con mi amor hasta caer dormidos.
La película ha sido bellísima, sí, japonesa, y más que nada preciosísima: *_Susurros del Corazón (1995) —aún yo no nacía y tú hilabas las primeras literariedades—_*; la historia comienza con una alegre lectora, vivaz y elocuente, pero tierna y sentimental hasta el sonrojamiento.
Encuentra en cada libro de la biblioteca el nombre de un chico, sí, este chico ha leído exactamente los mismos libros que ella, sólo que poco antes, es decir, él primero.
Entonces piensa ella ése chico debe ser amable, pero...cómo será.
Busca cada registro hasta que consigue identificarlo, casualmente —quizá no por casualidad— el chico va a su escuela, y es ni más ni menos que uno al que ella tiene por malo, malo porque se rió de ella días antes —así como tú con mis medias matemáticas—, la risa fue de mera inocencia.
Ocurre que ella traduce canciones —justo como su amada traductora—, y complace a sus amigas, pero curiosea por la ciudad, aún pensativa de aquel chico; y es que es innegable, una vez que se han leído los mismos libros sólo puede ocurrir una vida misma, un hilaje mutuo, un destino de lectores al unísono —me alegra decir que puedo certificarlo—.
Entonces una tarde ella toma el tren, un gato toma asiento a su lado —¡sí, nuestra *Missy*!—, el gato le llevará a subir una colina, lugar de la ciudad que no conocía, dando finalmente con un tesoro —recordé nuestra pequeña librería, ¿la recuerdas?— ¡una tienda de antigüedades! Esta tienda es atendida por el abuelo del chico, y en este lugar ocurrirán cosas excepcionales, tales como la historia de amor de un reloj: allí está un monumental y clásico reloj, con muñecos que se mueven y canciones que les justifican, en particular hay una oveja, y a las 12 un príncipe, una vez que se tocan las 12 el príncipe ve a la oveja quien toma su verdadera forma, sí, la de una princesa, ambos pertenecen a distintos mundos, pero ambos viven por esa hora, las 12, el único momento en que pueden amarse sin miramientos.
También en la tienda encontramos el porte de un barón, pero con rostro de gato, los ojos del barón delatan historia y brillan de tal modo...ya pronto sabremos más.
Finalmente la chica encuentra al chico allí, mientras ella acaricia al gato y se debate por sus sentimientos y miedos.
Él la lleva al sótano, lugar donde encontramos los violines que él hace de sus manos, toca una tonada que la chica acompaña a canto, y entonces lo sabemos, no hay otra forma de vivir para esos dos.
Pero no se hace sencillo, él quiere ir a Italia a perfeccionar su modo con el violín, entonces ella se emociona y entristece sin distinción, pensar que se irá, que todo se deshilacha en un instante.
Él dice primero sólo serán dos meses, promete volver y contar todo lo que acontezca, ella asiente y entristece despidiéndose, sabiendo cuánto le quiere, entonces lo decide, sí, él sabe lo que quiere y va por ello, así mismo ella hará, irá a por ello, quiere ella ser escritora.
Transcurren dos meses arduos de trabajo para ella, quien no deja de escribir, la historia al terminar será evaluada por el abuelo del chico quien una noche nos reveló una esmeralda, aún en bruto, así nos dijo debíamos pulirnos y encontrar la esmeralda en cada uno.
Toma de protagonista al barón gato de la tienda, el tesoro del abuelo.
La historia va de una juguetería y esos gatos que nacen para amarse, el barón y Luisa, luego separados y finalmente hallados.
Termina el plazo, y ella llora cuando el abuelo dice ha sido hermosa, llora ella porque quiere ser mejor y muy buena, tal como el chico, el abuelo delata que ella muere de amor y admiración por su nieto.
El chico llega una mañana, ella no ha dormido, pero se ha dicho que hay que trabajar, contenta consigo, pensando en el chico.
Toman ambos la mañana no dejando de repetir que todo es como de sueño, estar juntos, luego de llamarse incesantemente desde su interior.
El chico la lleva en su bicicleta, deben subir la empinada colina, es difícil, él dice que debe hacerlo, que él la llevará hasta el final, pero ella se baja y le ayuda, dice que no quiere ser carga, juntos lo logran y montan de nuevo la bicicleta.
Llegamos al fin, y él dice ha todo surgido, pero debe continuar y ser mejor, ella lo mira y también confiesa, aunque él ya sabía lo de la historia, más ella continúa diciendo que todo es debido a él, que ahora lo sabe y le da las gracias con todo el cariño de su mirada; amanece.
“No sé cómo ni cuando y no sé qué te parezca pero quiero que te cases conmigo” —dice sin más, ella responde sonrojada, muda, los ojos parecen desbordarse.
“Sí”.
“TE AMOOOO” —y toda la mañana lo escucha, la abraza, se abrazan, ella los cubre a ambos con un sueter, y así termina.