Mi vida, olvidé mencionarte una escena: mientras comíamos la cena Leonardo nos cuenta sobre su visita a nuestra Tía en Chachopo, lo charlado y demás y algo impresionante surge.
En Chachopo había una panadería, es la que abastecía esa zona, bueno, la panadería cerró, ¿cuál fue la razón? Dar pan a los protestantes, ahora está preso en Mérida.
Él financió en cierta medida a los integrantes de las protestas, brindando pan y demás, ya como ocurrió el cese, lo buscaron y ahora su lugar está en el frío de la injusticia, tras unas rejas.
Ahora quien vende pan en Chachopo es otro de quién sabe qué manos.
Y es que es natural, para el pan hay que tener el don, amasar y crear armonía no es sencillo, no todos tienen el toque, y este nuevo dispensador de pan es soso para el paladar de los Chachoperos.
Leonardo dijo que eso lo confirmó Tía, pan como el de ése señor no habrá otro, y ahora luego del estrago sólo queda conformarse con un pan sin canción.
Y bueno, lo peor de la situación es que los habitantes de Chachopo luego de saber la noticia, y que nadie resguardaría la panadería no hicieron más que asaltarla, y sí, robaron lo que aún quedaba, el poco pan hecho y el resto de la harina.
Eso lo lamenté mucho, esas personas fueron alimentadas por la canción de esa panadería, por el señor de ese horno y cuál fue el modo de agradecimiento: nada más que desmantelamiento.
Sí, mi vida, eso fue increíble y triste.
Y ahora pienso nuevamente en ello.
Y bueno, shí, ya estoy en camita, amado mío.
sábado, 19 de agosto de 2017
El panadero traicionado
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