viernes, 17 de junio de 2016

Cuento: Una breve muerte de Abril a Mayo

Era otra mañana de Mayo, viva en colores, arropando a unos cuantos desdichados seres, la misma costumbre de Mayo el desgarre a los corazones empedernidos y sentidos. Los desdichados de este Mayo: el ingenuo Tensin, la triste Dalila y la Mujer. Tensin se sujetaba fuertemente de las caderas de la Mujer, fundiéndose vivazmente en esa piel de mil pieles, mezclando sus olores y sabores, la Mujer exótica, perfumada con miles de esencias, llena de sabores de más de cinco mundos, era realmente un manjar, una fiesta viva. Tensin se vertía y se llenaba hasta que la pequeña Dalila tocó la puerta con su habitual tristeza. La Mujer se deslizo de la cama dirigiéndose al baño entre risas y cansancio. Tensin no comprendió las risas pero no divago en ellas pues se deleitaba observando la figura robusta de la Mujer. Se vistió rápidamente para atender a Dalila, la encontró como de costumbre: vestido floreado hasta las rodillas, una coleta sutil y esos entrañables ojos castañuela, tristemente profundos. La Mujer mientras tanto se duchaba con ánimo de limpiarse apropiadamente cada pasaje, Tensin y sus besos de miel y su costumbre de dejarla llena de saliva, rápidamente pasaba el jabón –asqueada-, los restos de Tensin se iban por el drenaje y cuan renovada la Mujer nacía. Dalila miraba a Tensin intentando desenmarañar sus pensamientos pero Tensin se hilaba lejano pensando en la Mujer, montando a la Mujer en un arroyo de jabón amado. La Mujer salió remozada del baño todo su cuerpo lo dilataba, así mismo las gotas de su cabello que caían alegrando al piso. Dalila la miro fascinada, entendía perfectamente por qué Tensin se notaba tan contento con ella. El cabello feliz y ardiente, la mirada penetrante y la sonrisa deliciosa, además de ese cuerpo esculpido y lleno, frondoso y habitado. Admiraba Dalila a la Mujer y caía de igual forma en una irremediable tristeza, Tensin resplandecía, verla era siempre renacer. El día se desvaneció rápidamente entre juegos de mesa y miradas cándidas, la tarde se mostro clemente. Tensin jugueteaba sin parar con la Mujer, Dalila practicaba con su violín y se fermentaba de las risas de la Mujer. La noche cayo sin más, el cielo era contenido y arrugado. Tensin marcho con la Mujer, irían a la inauguración del Bar Rouge, Dalila los despidió con una débil mirada y los labios reprimidos, se encerró en su cuarto para que así la tristeza no se le escapara. Los hombros se le hicieron pesados y la delicadeza de su cuerpo parecía desvanecerse, su corazón tiritaba y los pies se estremecían con el piso helado a sus pasos. Se paseaba de un lado a otro como buscando, como escapando, como recayendo; alguna respuesta, algún alivio, algún desgarre. Paredes llenas de coágulos y de enajenados pesares. Esperaba sin ánimo y aun así tan viva en dolor. Tensin pronto debía aparecer y besarle las sienes y destrozarle la tristeza pero Tensin bailaba sujetando el cuerpo de la Mujer entre el sudor. Un beso en su frente, un beso en su inocencia, un beso en su tristeza, un beso era todo y sin embargo la nada. Ellos no debían tardar, tocarían la puerta en cualquier momento y así la tristeza emergería a alguna estrella. ¿Dónde estaban las risas? No llegaron, y las risas bailaban lejos de ella, entre el camino que los hacía amantes a Tensin y a la Mujer, las risas entre las miradas halladas de Tensin y la Mujer, solo Tensin y la Mujer. Entro la madrugada y aparecieron, desde su lúgubre cuarto pintado en verde Dalila escuchaba sus pasos y advertía de tal modo la presencia e Tensin y la Mujer en la cocina y luego en el cuarto de Tensin. Escucho risas y dos gruesas lágrimas quemaron sus mejillas. Tensin arrancaba el vestido de la Mujer, la Mujer reía a carcajadas, luego suspiros y besos y quejidos y gemidos estridentes. A la mañana siguiente el desayuno transcurrió con pesadez. La Mujer que durante la noche parecía ser estrujada hasta el cielo entonces aparecía amarga y triste, Tensin tan vivo durante la noche ahora surgía pesado y ausente y la triste Dalila se mostraba aun adolorida observando a esos dos seres. Lagrimas corrieron en silencio por las mejillas de la Mujer, luego un llanto imparable que solo la casa contuvo del resto del mundo, Tensin observo descorazonado y con cierto desprecio, ¿de quién eran esas lagrimas? Se preguntaba asqueado, la miraba sin alcanzar a abrazarla, repugnando la tristeza que jamás seria de él, Dalila desolada y ajena observaba, perdiéndose en la sombra con la sangre derramándose de su piel pálida, ni Tensin ni la Mujer advirtieron que Dalila desfallecía, había tomado un cuchillo y suavemente sus venas había traspasado, sangre bailando al compas de Mayo, Mayo y su tradición de las desdicha a los desdichados, de la muerte a los amados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario