Será esto innecesario pero siento que si no te escribo me terminaré ahogando en lágrimas.
Ahora caen en silencio por mis mejillas, ahora mientras te escribo y veo la miseria directo a los ojos, su mirada es punzante, corta la garganta, así que no le hablo, sólo dejo que me humille, que descienda en mí, y desgarre lo que le convenga.
Ahora comprendo: hay gente muriendo en Venezuela, personas mueren de hambre a cada suspiro, de anochecer a mañana, de mañana a tarde. No exagero al decir que bien podría ser yo una de esas personas.
Porque justo en esta cena.
Disculpa, se me arrastran las palabras porque Arnaldo me ha abrazado tan fuerte que pensé me desprendería en sus brazos, y algo acabaría...
La cena ha sido dolorosa, como no había visto ninguna.
Las lágrimas aún se resbalan pero ni siquiera tengo fuerza para un quejido.
No sé a dónde se fue la vergüenza, pero lloro y Mamá me ve a lo lejos antes de cerrar su cuarto, nada dice, en todo caso qué podría decir...
Digo que vi la miseria directo a los ojos durante la cena porque sólo alcancé a un huevo medio, me pareció que el sol de la yema me hacia cosquillas en los labios, por un instante me sentí niña cuando poco importaba algo más que los colores, mas luego la yema terminó, y raspe sin cesar el sartén, hasta que ya no quedó nada, y mis párpados se inundaron con los labios aún sedientos...
Sí, la gente está muriendo en Venezuela, la gente se muere de hambre.
Me preguntó de qué otra forma se dibuja la muerte en estos instantes.
Mi cabeza duele.
No me animé a mirar a Arnaldo a los ojos antes de irse, siempre ha tenido una habilidad especial para ahondar en mi alma, me habría descubierto, habría visto a su hermana mayor llorar como infante, así como lloro ahora, pero no quise que me viera, porque debo ser fuerte por él, porque, lo siento, es que se hace difícil respirar y debo parar, porque los quejidos quieren escapar y huir lejos de mí, pero si permito que se vayan que quedará a mí.
Pero sus brazos, sus pequeños brazos, sus brazos de niño todo lo sabían, y como quise como debí llorar en sus brazos.
Pero soy la hermana mayor y le prometí comeríamos una ensalada de frutas, aún nos quedan dos días para ello, y, y...
La gente muere en Venezuela, nos estamos muriendo en Venezuela.
Muriendo porque un abrazo nos desgarra, porque la falta nos despedaza las ganas, porque el hambre baila con la dignidad un vals macabro que arrolla los pasos.
Sé que nada de esto es necesario, no quiero tú sientas ni siquiera un ápice de esto, porque eres maravilloso, porque tu vida es la que me alimenta el sentir y sin ti, sin ti qué sería de mí.
Debía escribirte porque si no, si no probablemente, ya no lo sé.
Te amo inmensamente, y la lágrimas se secan para que bailen unas nuevas, porque qué será de la vida sin el rocío de ellas, ¿cierto?
lunes, 19 de junio de 2017
Hambre
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario